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jueves, 29 de septiembre de 2011

Notas de clase

   Los minutos pasan lentamente, casi como si el tiempo se hubiese parado ante una lección insípida, un tema repetido una vez más, un curso más, en otra asignatura más; frutos todos ellos, de un plan de estudios deficiente y un sistema educativo basado en la producción en masa de mano de obra cualificada, un sistema desfasado concebido durante la revolución industrial.

   Una vez más mirando al vacío como los inmortales de Borges, aquellos hombres que terminaron en el desierto, apenas alimentándose de carne de serpiente; habiéndolo vivido todo y comprendiendo que, ante un número ilimitado de años todo hombre termina siendo igual, todos han vivido la gloria de la victoria y el fracaso de la derrota, han aprendido, enseñado y olvidado. 

   Y así sigo esperando que la lección termine, solo para comenzar otra clase que tal vez, y solo tal vez, traiga algo nuevo que despierte el interés y calme la sed de aprendizaje del ser creativo; algo que de una forma u otra, terminará siendo, como todo en su final, una rutina repetitiva y anodina, sin nada nuevo que ofrecer.
 

lunes, 13 de junio de 2011

Rara avis




   El cazador vivía aislado en medio de la selva. A pesar de esta solitaria existencia él era feliz, pues tenía cuanto deseaba... por supuesto esto es una forma de hablar ya que cualquier extra siempre es bienvenido, pero se encontraba satisfecho con su existencia y  no codiciaba con especial anhelo nada más. Pero este statu quo no le impedía continuar mejorando, con la vista puesta en futuras metas que le podrían hacer aún más completo y pasar su días con mayor ligereza.
   
   El problema radicaba en que en sus horas más bajas siempre aparecía de forma recurrente la perseguida captura de su pieza maestra, su "ballena blanca". Cuando paseaba por la selva solía ir tranquilo pero alerta, observante... no por los depredadores, a los que no temía; sino en busca de una huella, de un fugaz avistamiento de aquel maravilloso espécimen que, a veces, creía que solo existía en su imaginación. Conocía y entendía demasiado bien aquella enorme fauna que le rodeaba y por ello, aunque a veces solía acercarse a ciertos seres de su predilección como entretenimiento, pronto se aburría y hastiaba de ella.

   A veces creía haber encontrado ese ansiado ejemplar, poseedor de tan soñadas cualidades; aquel ante el que sentirse maravillado y orgulloso. En esos momentos, con una mezcla de reticencia y desconfianza, junto con autosugestión; comenzaba su observación y acercamiento, con la ilusión de poder haber llegado al fin el deseado día. Pero pronto llegaba la triste decepción al comprobar que pese a mucho que lo desease, aquel solo era un ejemplar común al que su propia nostalgia engrandeció o una especie imitadora pretendiendo ser lo que podría haber sido, pero que por su propia naturaleza nunca podría ser.

   También se planteaba si es que carecía de las herramientas adecuadas para conseguir tan ambicionada criatura... La intuición comenzaba a decirle que puede que aquello que había tomado como rasgo excluyente fuese un rasgo innato a la extraña y escasa especie que perseguía. Tanta virtud tenía que traer algún defecto con ella... Pero trataba de negárselo, puesto que en ese caso estaría condenado a terminar sus solitarios días sin conseguir a su último fin. Todo o nada, no se conformaba con inconsistentes medias tintas.

   Y es que el cazador, pese a su denominación, no lo era en absoluto. No tenía interés en la matanza, solo en la observación y el aprendizaje y su interés último para con su ansiada presa no era la captura, sino la domesticación, puesto que no pretendía un trofeo, sino un acompañante de por vida.

   Así continuaba el cazador sus días, pacientemente esperando, buscando, aprendiendo, amanecer tras amanecer.

viernes, 11 de marzo de 2011

H. Recuerdos de las estatuas

   Tumbado en el sofá H pensó que hacia mucho que no salía a correr... al mismo tiempo recordó aquel día que se fue a caminar y terminó sentado en la playa a oscuras, intentando apaciguar su mente; aquel día había acallado a sus instintos... provocando que su conciencia gritase... Estúpido... ¿De verdad tenías que hacerlo?... Ya sabias lo que pasaría, ¿por que lo hiciste entonces?... Porque pensarlo sin decirlo no cambia el hecho de sentirlo, porque el iba de frente y con seguridad... recordó el frío aire sobre la arena, la hipnótica luz del faro sobre el cabo...

   Observó por la ventana y vio que estaba anocheciendo por lo que decidió salir a correr y dirigirse hacia el faro para verlo de cerca. Al fin y al cabo, tampoco tenía nada mejor que hacer, como siempre. Se preparó y bajó a la calle en dirección al paseo marítimo. Siguiéndolo pronto llegó al vistoso cambio de rasante a partir del cual todo el paseo había sido renovado y redecorado. Al poco se encontró con una estatua que ya había visto otras veces cuando había pasado por la zona. Dos niños jugando a saltar el potro, con el niño que salta orientado hacia el mar.
 

   No le gustaba especialmente aquella estatua pero la tenía como una mera curiosidad del paseo por lo que continuó con indiferencia... Correr conseguía distraerle un poco de sus propios pensamientos y relajarle... A lo lejos observó a una persona parada cerca de las palmeras y los bancos. Era algo a destacar ya que el paseo estaba desierto y apenas se había cruzado con nadie desde que salió.  Estando más cerca se sorprendió al ver que era una estatua metálica más, esta vez de una mujer con una niña en brazos, orientadas a la playa de nuevo.


   Curioso, pensaba que la de los niños era la única, uno de esos "monumentos" simples que ponen en todas las zonas renovadas... Al final aquello no había salido tan mal, de hecho había salido bien... Cuidado con ese señor... Bien, si claro, eso había salido bien pero después... Después todo se fue a la mierda.. ¿Aquello es otra estatua? Lo había arruinado todo, tenía tanto potencial... Si, es otra estatua, parece una pareja... Daba igual, al fin y al cabo había demostrado que aquello no merecía ni ser recordado... Llegó al final del paseo junta a aquella última estatua, una pareja de ancianos...


   Miró alrededor y se quitó las zapatillas para continuar corriendo por la playa hasta la cala del faro. Enseguida descubrió que no había sido tan buena idea, no era tan cómodo como pensó en un primer momento... en la orilla había un par de pescadores colocando sus cañas, le hacían gracia las puntas luminosas de estas...


   Se apartó un poco, solo le faltaba pisar un anzuelo... Efectivamente, lo de ir descalzo no fue buena idea, se le estaban haciendo polvo los tobillos... Finalmente llegó a la cala y se subió a las rocas para limpiarse de arena los pies con el agua, tras lo que se colocó las zapatillas, ya que caminar por la zona rocosa y los senderos sin ellas no sería muy agradable... Así llegó al final del cabo muy cerca del faro... pero estaba rodeado de casas y estaba muy oscuro ya como para ponerse a buscar senderos... Miró a su alrededor y vio una curiosa y alargada roca que nacía como un cuerno adentrándose en el mar. Era más bien suelo en lugar que una simple roca, pero estaba formada por una sola pieza... Se sentó allí mirando el mar... Seguramente es como un pequeño delta creado por los depósitos fluviales ya que nace por donde se nota que baja la riada de agua de la pequeña colina... Pronto se relajó allí sentado, descubriendo como el sonido del mar mataba sus pensamientos y hace que solo pueda tener una o  dos corrientes de pensamiento a la vez... lo cual le resultaba bastante tranquilizante. Era curioso, parece que las estatuas van representando a lo largo del recorrido del paseo la evolución del hombre, la niñez con sus juegos y despreocupación; la madurez con sus responsabilidades y finalmente la vejez con su nostalgia... Puede que la obra no fuese tan carente de significado como parecía... o que solo fuese una coincidencia no intencionada... Al cabo de un rato volvió en si, dandose cuenta de que llevaría como media hora allí en silencio sentado... Tampoco podía saberlo ya que no llevaba reloj...
   Al llegar de nuevo al paseo se acercó con curiosidad a la estatua para observarla más minuciosamente. Era la más detallada y la que más le gustaba de las tres, no sabía porque... la mujer agarrando un antiguo collar, el hombre colocando cariñosamente la mano sobre su hombro... la pequeña mochila colgada de su brazo con quien sabe que dentro, ¿una vieja cámara de fotos quizás?


   En ese momento se dispuso a continuar y mientras corría comenzó a imaginar la vida de esas personas... ¿Por qué estaban allí?... ¿Qué pensaban en ese preciso instante en el que han quedado congelados?... pero esos pensamientos se vieron interrumpidos por otro mas entretenido... la vida de esas estatuas, condenadas a mirar eternamente un mismo paisaje... pero, ¿siempre el mismo? en realidad es un bonito y tranquilo paisaje... y nunca es igual, las pequeñas dunas de la arena diferentes cada día... cambiadas por el viento y el arado de la limpieza nocturna... y el mar con las olas... las olas siempre cambiantes... siempre distintas, cada una única... como copos de nieve de espuma blanca.


   Así que, en realidad no era tan monótona y mala su condena ¿no?... Pero, no siempre era así... no siempre había paz, silencio, tranquilidad... solo el ruido el mar, solo las cambiantes olas y la arena en el paisaje, además de algún ocasional caminante, solo la salada fragancia marina. También habían épocas de estrés, de masas de gente rodeándolos a todas horas... los veraneantes bajando a la playa y volviendo de ella toda la mañana, la gente yendo a los restaurantes del paseo al mediodía... personas hacia la playa de nuevo por la tarde... las familias paseando temprano a la noche... los jóvenes que van a los botellones nocturnos en la arena por la noche hasta la madrugada... un flujo incesante y constante de personas pasando por todas partes, haciendo ruido e incluso ensuciándolos o maltratándolos. Pero tampoco era una mala época... durante dos meses salían de su, ya entonces, aburrida cambiante monotonía para tener miles de detalles que observar, para poder estudiar desde una posición privilegiada e insospechada el comportamiento de cuantos pasan a su lado cada día, nuevos sonidos y voces que escuchar, cientos de rostros, ropas... todo un nuevo mar, esta vez de personas, también único e irrepetible, siempre cambiante, siempre distinto, un mar social, repetición de comportamientos en un ordenado caos... Y, después, como disculpa por las molestias causadas, diez meses más en que la mayoría de los días apenas pasará junto a ellos una persona cada media hora... donde el único sonido incesante y constante será la ligera brisa y el oleaje... Amanecer, anochecer y vuelva a empezar, un bucle siempre igual... Testigos únicos de una lenta y a la vez rápida evolución que transforma el paisaje día a día, la vida día tras día... una evolución de la que solo se dan cuenta ellos; mientras al resto ni siquiera se les ocurre mirar de verdad a su alrededor y dejar de mirarse a ellos mismos... Observar con otros ojos, viendo con pena los buenos y alegres hechos diarios, enfocando con optimismo y alegría la triste y deprimente realidad.

sábado, 5 de marzo de 2011

H. Día gris

   Apoyado en una barandilla observó el cielo. Estaba cubierto, parece que pronto comenzaría a llover, debería continuar su camino... ¿continuar su camino? No iba a ninguna parte, solo andaba sin rumbo como tantas otras veces, divagando, descargando ese desasosiego e incomprensión que le invadía tras día. Era en esos momentos en los pocos que realmente se sentía bien, en paz y tranquilo. ¿Qué le retenía allí parado entonces? Nada, simplemente había parado para escoger una nueva carpeta que reproducir en su mp3 y respirar profunda y tranquilamente. Observaba su alrededor... los coches pasando velozmente por la avenida, parando en los semáforos del cruce; ese hermoso cielo gris nublado; la gente caminando de un lado para otro, un grupo de adolescentes ruidosos riendo entre ellos, una seria señora, una joven pareja de la mano... todos corriendo de un lugar a otro, sin apenas levantar la vista o fijarse más que en sus acompañantes, si los tenían... "todos indiferentes, presentes pero ausentes de un modo inconsciente..." * Gran letra de Arma Blanca, unos versos muy adecuados...

   Aquella chica sentada en la terraza le llamó la atención. Sencilla, no llevaba el habitual aspecto arreglado y ostentoso de las chicas de su edad... y de los chicos... lacra de generación, depresión de pertenecer a esta y no sentirse parte de ella... Había continuado observando los alrededores, pero su mirada siempre se terminaba posando sobre aquella chica, observándola minuciosamente sin ser visto, o al menos eso creía (y esperaba). Había algo en ella que le provocaba una gran curiosidad, interés... Era más bien delgada y con el pelo hasta los hombros, pero no una gran belleza, un "pivón", una "tía buena"... sin embargo, su sencillez... en eso radicaba su atractivo, se podía decir que era bonita... Era ella la que lo retenía allí, la que había anclado sus hombros a la barandilla, su mente a ese lugar; la que había condenado a sus ojos a vagar, entre las masas de cemento y cristales que se elevaban hacia el cielo y las gentes que como atareadas hormiguitas corrían, para poder captar un rápido vistazo de ella, unos segundos de su imagen y observar algo de su comportamiento. Y así absorto como estaba, se dio cuenta de que había quedado mirándola fijamente, mirando al vacio en su dirección mientras divagaba, y que ella le observaba ahora atentamente desde lejos. Rápidamente pero disimulando bajo la mirada, se arregló la chaqueta y siguió su camino alejándose de la baranda.

   ¿Se había dado cuenta de que la estaba mirando? Bah, no que más daba... La gente seguía caminando por las calles rápidamente, como había ocurrido durante todo el día, como ocurría todos los días... sin pensar, ¿qué mejor que la mano de obra barata? La ignorante, la estúpida, la vacía... fácil de controlar, fácil de abaratar, fácil de expoliar sin que levanten la voz... dóciles, solo agachan la cabeza y murmuran "algo es algo, hay gente que está peor"... Su despreocupación, parecía estar absorta todo el rato, como en otro mundo; salvó cuando miró en su dirección... la mirada se le había encendido y observaba con viva pero callada curiosidad. Pero, ¿le miraba a él? Nada, seguramente ni se había fijado y para ella solo formó parte del paisaje como el resto de la gente que por allí pasaba. ¿Qué miraba entonces? Algún detalle en la fachada, en los carteles de las tiendas tras él, el autobús pasando o algún extravagante viandante, como un punky vestido de cuero negro y con el pelo teñido.

    Sintió caer una gota en su cara y miró hacia el cielo, comenzaba a chispear. Se sentó en uno de los bancos de piedra que formaban parte de las recortadas esquinas de los edificios colindantes a la céntrica glorieta y, apoyando la cabeza sobre el respaldo, miró hacia el cielo. Una gaviota pasó volando rápidamente, seguramente volando hacia la seguridad de su nido o lugar de descanso habitual. Volvió a mirar hacia abajo y se perdió entre los pequeños puntitos que marcaban la acera por doquier y desaparecían rápidamente siendo sustituidos después una y otra vez. Parecía que apretaba poco a poco, y la gente lo notaba. Ahora caminaban más rápido, con más prisa, estresados... A el le gustaban esos días, lluviosos, grises... días calmados y regulares, sin viento, pero con una atmósfera extraña, nostálgica... Pronto empezó a caer más fuerte, así que se colocó la capucha de la chaqueta y, tras unos segundos de pensamiento en blanco, se levantó y comenzó a desandar sus pasos con las manos en los bolsillos. Le gustaba caminar bajo la lluvia pero no coger una pulmonía.

   Ya casi diluviaba mientras volvía, con la mirada gacha para que la capucha actuase a modo de visera y no se le mojasen los cristales de las gafas, cosa bastante molesta. Le guiaban inexactas miradas de reojo hacia el frente (la parte alta de su campo visual en esa situación) y esquivaba a la gente en base a las piernas que veía aproximarse hacia él. Sentía las gotas caer sobre sus hombros y la cabeza, rebotando en el tejido semi-impermeable de la chaqueta... era una sensación placentera junto con el ruidoso rumor de la lluvia cayendo en la calle, tan solo interrumpido por algún molesto claxon de coche.

   En ese instante se percató de que estaba a punto de chocar con alguien y trato de esquivarle moviéndose hacia la derecha, pero en tan repentino movimiento el suelo mojado y las desgastadas y planas suelas de sus zapatillas le jugaron una mala pasada, haciéndole resbalar y perder el equilibrio cayendo hacia atrás... cuando sintió un brazo tras su espalda que evitaba la caída e instintivamente se agarró al hombro que había ante el.

   Al levantar la mirada la vio, era ella, la chica de la terraza. Llevaba el pelo calado y volvía a tener esa mirada curiosa pero con algo de nerviosismo y vergüenza. Con la cabeza algo baja y el brazo aún tras su espalda le obsequió con una tímida sonrisa, ante lo que el apenas pudo susurrar un "Gracias" sin salir de su asombro. Sin darse cuenta de como ni cuando, se separaron y continuaron su camino, cada uno en un sentido. Increíble. ¿Cómo era posible? ¿Le habría reconocido? Quizás se había fijado en el cuando lo vio acercarse por la calle, quizás le reconoció por la chaqueta y el resto de la vestimenta. Desde luego aquel acto le había impresionado y generado un gran interés. Miró hacia atrás mientras caminaba y la vio alejándose al final de la calle. Sonrió, otro maravilloso día gris. Quizás la volviese a ver... desde luego, si volvía a ocurrir, no dejaría pasar la ocasión de tratar de saber un poco más de ella.

lunes, 14 de febrero de 2011

Silencio

   La noche transcurre con normalidad, algún esporádico coche pasando por la avenida, alguna persona caminando tranquilamente por la calle... de repente se escucha una lejana explosión... un perro comienza a ladrar incesante y fuertemente... no mucho después una gran luz blanca momentánea invade las ventanas y a los pocos segundos el fuerte retumbar del trueno que la acompaña. Los rayos quiebran la oscuridad nocturna... únicas luces en el cielo cubierto sin luna. 
   Los truenos rompen la tranquila quietud de la noche. Pero... la tormenta no descarga agua, el suelo sigue tan seco como antes de que llegase... y unos minutos después... silencio. El perro ya no ladra, no se escucha el habitual cantar nocturno de los pequeños pájaros en los árboles... parece que incluso el tráfico se ha detenido y las personas refugiado en sus casas... La calma dura unos largos minutos... un pajarillo empieza a cantar suavemente, se le unen un par de compañeros trinando y entonces... el perro comienza a ladrar con fuerza de nuevo, unos segundos después un rayo se marca en el oscuro firmamento nocturno, su respectivo trueno silencia el cantar los pájaros, enfurece, o mejor dicho; asusta aún mas al perro. Y así sigue mientras la diferencia de potencial creada entre el suelo y las partículas de agua de las nubes es mayor que el índice de ruptura dieléctrico del aire, como un enorme condensador sobrecargado. Al poco rato, silencio de nuevo... a los pocos segundos los pájaros vuelven a cantar, cada vez con más fuerza olvidando por completo todo lo ocurrido, volviendo a la normalidad. Los coches vuelven a pasar por la avenida. Y así seguirá todo, repitiéndose, en un bucle siempre distinto pero siempre igual... con las personas actuando como el perro que ya duerme, y los pajarillos que vuelven a cantar, comportándose repetitivamente de forma inconsciente y olvidando lo que ocurrió, ocurre y ocurrirá. Simplemente continuando sin pensar, la inmensa mayoría, en el ínfimo destello que es sus vidas en el planeta... en su inexistente, por insignificante, paso por el universo...
Y tú, ¿qué quieres hacer con tu nada?

martes, 8 de febrero de 2011

Tinieblas

   Junto a un río carmesí ella yacía. Sumida en una intensa oscuridad rodeada de ornamentadas grises columnas marmoladas. Lo único que ella podía vislumbrar en el negro océano que le rodeaba era una silueta quieta y observante. 
   -¿Quién eres?-preguntó-¿Qué quieres de mí?, ¿Qué estoy haciendo aquí?
   Tras unos interminables segundos, de la figura surgió un intenso destello de blancura, como un relámpago, que la cegó; después todo quedó de nuevo sumido en la negrura. No era capaz de ver nada, ni sus propias manos, tan solo veía un insondable vacio allí donde mirase y el pánico comenzó a invadirla creyendo haber perdido la visión... pero entonces escuchó una voz que parecía provenir de todas partes al mismo tiempo. 
   -Soy tus miedos y temores, tu rabia y furia, tu tristeza, tu pena, la más extrema desesperación, tu odio más profundo... y también soy tu alegría, tu risa y esperanza, tu fuerza, tu felicidad, tu libertad... soy todo lo que fuiste, eres y serás y mientras no me aceptes seguirás perdida en la oscuridad y nada obtendrás pues yo soy tú y tú sin mi no eres nadie.
 
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